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7 de noviembre

El peligro de la indiferencia a la luz

El Cristo triunfante · Elena G. de White · traducción de Gabriel Olteanu

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Juan 3:19, NRSV.CTr 318.1

La pérdida de una sola alma se presenta como una catástrofe en comparación con la cual la ganancia de un mundo entero se hunde en la insignificancia... En Jerusalén está representada toda alma que descuida los privilegios presentes y rechaza la luz que Dios le envía. ¿Se han apreciado los consejos de Dios? ¿Se han aceptado las súplicas y advertencias de sus siervos? ¿Se ha prestado atención a la reprensión? ¡Oh, que cada uno de nosotros aproveche los momentos de oro de este «tu día», no sea que venga la palabra: «pero ahora están escondidas de tus ojos»! Si la luz brilla en nuestro día, hemos de recibir la luz, apreciarla y andar en la luz, sin esperar a ver si la aceptan personas prominentes o eruditos...CTr 318.2

Las palabras de Cristo [son]: «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir»... Jesús miró a través de los siglos y vio que el mundo cristiano pensaría y enseñaría que la muerte de Cristo abrogaba la ley del Padre. Por eso hace una declaración clara para desengañar a todas las mentes que quieran ser desengañadas en este punto...CTr 318.3

Hombres y mujeres han muerto sin guardar el sábado del séptimo día. Eran buenas personas y vivieron conforme a toda la luz que tenían. No podían ser responsables de la luz que nunca tuvieron. Nosotros somos responsables de la luz que brilla en nuestro día. Excusar nuestra transgresión de la ley de Dios porque las buenas personas de generaciones pasadas no la guardaron sería una insensatez...CTr 318.4

Nunca es seguro ser indiferente a la luz. Si personas que profesan ser grandes y buenas no obedecen la ley de Dios, ¿es esto alguna razón para que nosotros transgredamos?... Fueron los escribas, los gobernantes, los sacerdotes, hombres en oficio sagrado, hombres que creían que su justicia estaba por encima del mundo entero, quienes persiguieron a Cristo. Estos piadosos impostores fueron los más feroces perseguidores que Jesús tuvo... Fueron los maestros del pueblo quienes se burlaron de él mientras colgaba de la cruz.CTr 318.5

Los cristianos profesos de hoy que rechazan la luz no serán más favorables a quienes reciben y se regocijan en la luz de la verdad de lo que fueron los judíos en los días de Cristo. Si ellos hubieran sabido que él era el Príncipe de la vida, no lo habrían crucificado. ¿Por qué no lo supieron? Porque rechazaron toda evidencia que se les dio de que Cristo era el Mesías... Considerarán a los creyentes como un pueblo pequeño y débil, unos pocos fanáticos, y hablarán de ellos con burla.CTr 318.6

Carta 35a, 1877

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