Somos responsables de la luz que se nos ha dado
El Cristo triunfante · Elena G. de White · traducción de Gabriel Olteanu
«Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». Mateo 7:14.CTr 317.1
El amable y amado discípulo [Juan] ha dicho: «El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él» (1 Juan 2:4). La Palabra de Dios es muy clara y directa. Es un asunto peligroso profesar ser seguidor de Jesús y negarlo en las obras por la indiferencia hacia aun uno solo de sus requerimientos.CTr 317.2
La historia de la Reforma nos enseña que la iglesia de Cristo nunca debe detenerse ni cesar de reformarse. Dios está a la cabeza, diciéndoles como dijo a Moisés: «Id adelante». «Di a los hijos de Israel que marchen». La obra de Dios avanza; paso a paso su pueblo avanza a través del conflicto y la prueba hasta la victoria final. La historia de la iglesia nos enseña que el pueblo de Dios no debe estereotiparse en sus teorías de fe, sino estar preparado para nueva luz, para la verdad que se abre revelada en su Palabra.CTr 317.3
La historia pasada del avance de la verdad entre el error y las tinieblas nos muestra que la verdad sagrada no es apreciada ni buscada por la mayoría. Los que han avanzado en la reforma, obedeciendo la voz de Dios —«Id adelante»—, han estado sujetos a la oposición, la tortura y la muerte; y frente a prisiones abiertas y amenazas de tortura y muerte, consideraron la verdad para su tiempo de suficiente importancia para retenerla tenazmente, entregando su vida antes que sacrificar su fe. No estimaron su vida como preciosa si era sacrificada por la verdad de Dios. La verdad en nuestros días es tan importante como lo fue en los días de los mártires...CTr 317.4
¿Qué si en los días de Lutero la gente hubiera tomado la posición de cubrir su desobediencia al requerimiento de Dios con: «Dios es demasiado misericordioso para condenarme por no aceptar la verdad impopular. Nuestros intelectuales y nuestros dirigentes religiosos no la aceptan. Correré el riesgo de transgredir la ley de Dios porque el mundo la rechaza... Estoy satisfecho con mi religión;... me arriesgaré a ir con la multitud»?CTr 317.5
Si voy con la multitud, la Biblia me dice que estoy en el camino ancho que lleva a la muerte. Dijo la Majestad del cielo: «Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». Somos responsables de la luz que resplandece en nuestros días. Cristo lloró con agonía sobre Jerusalén porque no conocieron el tiempo de su visitación. Era su día de confianza, su día de oportunidad y privilegio... La vil ingratitud, el formalismo hueco y la insinceridad hipócrita de cientos de años arrancaron estas lágrimas de angustia incontenible de sus ojos.CTr 317.6
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