La persecución en los primeros siglos
El Cristo triunfante · Elena G. de White · traducción de Gabriel Olteanu
Otros experimentaron vituperios y azotes, y además de esto cadenas y prisiones. Hebreos 11:36.CTr 319.1
Cuando Jesús reveló a sus discípulos el destino de Jerusalén y las escenas de la segunda venida, también les anunció la experiencia de su pueblo desde el tiempo en que él sería quitado de ellos hasta su regreso en poder y gloria para librarlos. Desde el Olivar, el Salvador contempló las tempestades que estaban por caer sobre la iglesia apostólica y, penetrando más profundamente en el futuro, su mirada discernió las furiosas y devastadoras tempestades que habían de azotar a sus seguidores en los venideros siglos de oscuridad y persecución...CTr 319.2
La historia de la iglesia primitiva dio testimonio del cumplimiento de las palabras del Salvador. Los poderes de la tierra y del infierno se pusieron en contra de Cristo en la persona de sus seguidores... Los cristianos fueron despojados de sus bienes y expulsados de sus hogares... Grandes multitudes sellaron su testimonio con su sangre...CTr 319.3
Bajo la más fiera persecución, estos testigos de Jesús mantuvieron su fe sin mancha... Con palabras de fe, paciencia y esperanza se animaban unos a otros a soportar la privación y la angustia. La pérdida de toda bendición terrenal no podía obligarlos a renunciar a su creencia en Cristo. Las pruebas y las persecuciones no eran sino pasos que los acercaban a su descanso y a su recompensa...CTr 319.4
En vano fueron los esfuerzos de Satanás por destruir la iglesia de Cristo mediante la violencia. El gran conflicto en el que los discípulos de Jesús entregaron su vida no cesó cuando estos fieles abanderados cayeron en su puesto. Por la derrota vencieron. Los obreros de Dios fueron muertos, pero su obra siguió avanzando firmemente. El evangelio continuó extendiéndose, y el número de sus adeptos aumentó... Dijo un cristiano, reconviniendo a los gobernantes paganos que instaban a la persecución: «Podéis atormentarnos, afligirnos y vejarnos. Vuestra maldad pone a prueba nuestra debilidad, pero vuestra crueldad de nada sirve. No es sino una invitación más fuerte para traer a otros a nuestra persuasión. Cuanto más se nos siega, tanto más volvemos a brotar. La sangre de los cristianos es semilla».CTr 319.5
Miles fueron encarcelados y muertos; pero otros surgieron para ocupar sus lugares. Y los que fueron martirizados por su fe quedaron asegurados a Cristo, y él los contó como vencedores. Habían peleado la buena batalla, y habían de recibir la corona de gloria cuando Cristo viniera. Los sufrimientos que soportaron acercaron a los cristianos unos a otros y a su Redentor.CTr 319.6
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