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3 de noviembre

El testimonio de Jesús revela el amor eterno de Dios

El Cristo triunfante · Elena G. de White · traducción de Gabriel Olteanu

Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Apocalipsis 1:9.CTr 314.1

Es por medio de uno que es «vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación» que Cristo revela a su pueblo el terrible conflicto que deben afrontar antes de su segunda venida. Antes de que se les abran las escenas de su amarga lucha, se les recuerda que otros creyentes también han bebido de la copa y han sido bautizados con el bautismo. Aquel que sostuvo a estos primeros testigos de la verdad no abandonará a su pueblo en el conflicto final.CTr 314.2

Fue en un tiempo de feroz persecución y de grandes tinieblas, cuando Satanás parecía triunfar sobre los fieles testigos de Dios, cuando Juan, ya anciano, fue condenado al destierro. Fue separado de sus compañeros en la fe y apartado de sus labores en el evangelio; pero no fue separado de la presencia de Dios. El desolado lugar de su exilio le resultó ser la puerta del cielo. Dice: «Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor» —el día santo que Dios había bendecido y apartado como suyo— «y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último; y lo que ves, escribe en un libro... Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo. Y vuelto, vi siete candeleros de oro; y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre»...CTr 314.3

Cristo anda en medio de los candeleros de oro. Así se simboliza su relación con las iglesias. Está en comunión con su pueblo... Aunque es Sumo Sacerdote y Mediador en el santuario de lo alto, anda de un lado a otro en medio de las iglesias de la tierra...CTr 314.4

De nuevo, al reposar el Espíritu Santo sobre el profeta, ve una puerta abierta en el cielo y oye una voz que lo llama a mirar las cosas que han de suceder después de estas. Y dice: «He aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina». Ángeles ministradores estaban alrededor de él, esperando y anhelando hacer su voluntad, mientras Juan veía el arco iris de la promesa de Dios, que era señal de su pacto con Noé, rodeando el trono en lo alto: una prenda de la misericordia de Dios para toda alma arrepentida y creyente. Es un testimonio eterno de que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Declara al mundo entero que Dios nunca olvidará a su pueblo en su lucha contra el mal.CTr 314.5

Manuscrito 100, 1893

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