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29 de octubre2 min de lectura

Saulo se convierte en Pablo, apóstol a los gentiles

El Cristo triunfante · Elena G. de White · traducción de Gabriel Olteanu

Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Hechos 9:4, 5.CTr 309.1

Saulo había sido educado por los maestros más doctos de su tiempo. Había sido instruido por Gamaliel. Saulo era rabino y estadista. Era miembro del Sanedrín y muy celoso en la supresión del cristianismo. Tuvo parte en el apedreamiento de Esteban, y leemos además de él: «Y Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas; y arrebatando hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel». Pero fue detenido en su carrera de persecución.CTr 309.2

Mientras iba de camino a Damasco para prender a cuantos cristianos pudiera hallar, «repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»...CTr 309.3

Saulo, convertido, fue llamado Pablo. Se unió a los discípulos y fue uno de los principales de los apóstoles.CTr 309.4

Aunque los apóstoles eran a menudo abatidos en el conflicto con los hombres malvados y con los poderes de las tinieblas, sin embargo podían volver de nuevo al conflicto, teniendo delante de sí el triunfo o la muerte en el empeño. En sus cuerpos, en los cardenales, las heridas y los azotes recibidos por causa de Jesús, llevaban la evidencia de la crucifixión de Cristo, de que eran participantes con él de sus padecimientos.CTr 309.5

Su misma liberación y preservación en medio de múltiples dificultades y pruebas testificaban que Jesús vivía, y que por su poder ellos también vivían.CTr 309.6

Un Esteban verdadero y fiel fue apedreado hasta la muerte por los enemigos de Cristo. Ciertamente no parecía que Dios estuviera fortaleciendo su causa en la tierra al permitir así que los hombres malvados triunfaran. Pero precisamente por esa circunstancia, Pablo fue convertido a la fe, y por medio de sus palabras miles fueron traídos a la luz del evangelio.CTr 309.7

Los escogidos para la obra de Dios deben ser hombres y mujeres fieles y verdaderos, obreros a quienes Dios pueda instruir, que impartan lo que reciben, proclamando sin reserva la voluntad de Dios, señalando el mejor camino a todos aquellos con quienes entran en contacto. Los nuevos hombres y mujeres en Cristo nacen para el conflicto, la fatiga y el trabajo, nacen para entrar en la buena batalla de la fe. Siempre hay a su alcance un poder mediante el cual pueden obtener la victoria en cada asalto, poder que les permitirá ser más que vencedores sobre las dificultades que encuentran.CTr 309.8

Carta 150, 1900
GO
Gabriel Olteanu

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