Hay dos clases entre los seguidores de Cristo
El Cristo triunfante · Elena G. de White · traducción de Gabriel Olteanu
Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. Y cinco de ellas eran prudentes, y cinco insensatas. Mateo 25:1, 2.CTr 321.1
Siempre ha habido dos clases entre los que profesan ser seguidores de Cristo. Mientras una clase estudia la vida del Salvador y procura con empeño corregir sus defectos y conformarse al Modelo, la otra evita las verdades claras y prácticas que ponen de manifiesto sus errores. Aun en su mejor estado, la iglesia no estaba compuesta enteramente de personas verdaderas, puras y sinceras. Nuestro Salvador enseñó que quienes se entregan voluntariamente al pecado no deben ser recibidos en la iglesia; sin embargo, se vinculó con hombres de carácter defectuoso y les concedió los beneficios de sus enseñanzas y de su ejemplo, para que tuvieran la oportunidad de ver y corregir sus errores.CTr 321.2
Entre los doce apóstoles había un traidor. Judas fue aceptado, no a causa de sus defectos de carácter, sino a pesar de ellos. Estaba vinculado con los discípulos para que, mediante la instrucción y el ejemplo de Cristo, aprendiera qué constituye el carácter cristiano y así fuera llevado a ver sus errores, a arrepentirse y, con la ayuda de la gracia divina, a purificar su alma «obedeciendo a la verdad».CTr 321.3
Pero Judas no anduvo en la luz que tan bondadosamente se le permitió brillar. Al entregarse al pecado, invitó las tentaciones de Satanás. Sus malos rasgos de carácter llegaron a predominar. Sometió su mente al dominio de los poderes de las tinieblas; se enojó cuando se reprendieron sus faltas, y así fue llevado a cometer el terrible crimen de traicionar a su Maestro. De la misma manera, todos los que abrigan el mal bajo una profesión de piedad odian a quienes perturban su paz al condenar su conducta pecaminosa. Cuando se presenta una ocasión favorable, traicionarán, como Judas, a quienes por su bien procuraron reprenderlos.CTr 321.4
Los apóstoles encontraron en la iglesia a quienes profesaban piedad mientras abrigaban secretamente la iniquidad. Ananías y Safira hicieron el papel de engañadores, pretendiendo hacer un sacrificio completo para Dios, cuando codiciosamente se reservaban una parte para sí... Cuando las pruebas y la persecución sobrevinieron a los seguidores de Cristo, solo quienes estaban dispuestos a dejarlo todo por amor a la verdad deseaban llegar a ser sus discípulos. Así, mientras continuó la persecución, la iglesia permaneció comparativamente pura. Pero al cesar esta, se añadieron conversos menos sinceros y consagrados, y se abrió el camino para que Satanás obtuviera un punto de apoyo.CTr 321.5
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